

La mentalidad griega, instintivamente, buscaba la armonía y el
orden en el universo, por lo cual podría especularse que desarrollarse
una religión monoteísta. Por el contrario, profesa el más
exuberante politeísmo. Incluso en los tiempos clásicos, en los
días de la cultura ilustrada, los poetas parecen inventar nuevos dioses
con mucha espontaneidad: la Esperanza o el Temor, o una docena de tales concepciones,
pueden convertirse en dioses sin mucha sorpresa. Aunque fuera inexactamente
traducido en la versión autorizada, San Pablo encontró a los
atenienses muy temerosos de Dios, pero en realidad, temían
a la multiplicidad de dioses.
EL fondo de la poesía y arte clásico es sumamente serio, no
es que carezca de alegría y encanto, pero su cualidad saliente es el
sentido de responsabilidad moral. Sin embargo, los mitos sobre los cuales
se basan parecen increíblemente impúdicos. Las incontables historias
de caprichos, brutalidades, enamoramientos, pueden llevaros a creer que los
griegos juzgaban sus deberes morales con ligereza. Pero no sería una
apreciación correcta. En efecto, la palabra griega téhos no
singifica Dios y por otra parte, el vínculo entre ética
y teología no existía tal como sería concebido más
adelante por la civilización occidental.
Los griegos aracaicos parecen haber pensado tanto sobre los dioses como cualquier
sociedad primitiva. Nuestra vida se halla sujeta a las fuerzas de la naturaleza
que no podemos dominar, y estas fuerzas son teói, dioses.
Todo lo que se puede hacer, entonces, es tratar de estar en buenas relaciones
con esas fuerzas poderosas. Tales potencias son heterogéneas y arbitrarias;
la lluvia cae tanto sobre el injusto como sobre el justo. Entonces hay también
otros poderes que tendrían la función de protectores: los dioses
de la tribu, del clan, del hogar. Estos integrantes invisibles del grupo social
deben ser tratados con escrupuloso respeto. Es necesario ofrendar sacrificios
a todos los dioses en la forma prescripta en tanto que cualquier irregularidad
podría irritarlos. No resulta evidente que ellos estén limitados
por las leyes que regula la conducta humana, en realidad es obvio que algunas
divinidades no lo están. La división entere teología
y moral es explícita.
El carácter del pueblo griego se observa ya en la religión primitiva.
Entre los latinos, los poderes superiores continuaron siendo numerosos y anónimos
mientras duró la religión y el ritual consistió en observar
fórmulas estrictamente aún cuando su significado se había
olvidado. Existía un numen puramente imaginado, inexactamente traducido
como espíritu, al cual se le adjudicaban todos los actos
de la vida humana... y si esos ritos se cumplían estrictamente, nada
más importaba. Pero era realmente diferente entre los griegos. Un sentido
estético y dramático, los llevó a la necesidad de representar
a los dioses y sus poderes antropomórficamente. Los dioses eran algo
así como reyes sublimados. Por otra parte, el impulso hacia el orden
y la unidad hizo que agruparan estas divinidades en una familia y un consejo
de familia. En efecto, Zeus, el gran dios tribal, era también un dios
celestial. Había además una deidad, Herkeios, que protegía
el hérkos del hombre, esto es, el recinto de su granja. Pero estos
dioses, se unificaron en uno solo y herkeios se transformó en un simple
adjetivo, un aspecto especila de Zeus en esta función particular de
defender el recinto.
Aunque algunos de estos poderes divinos puedan parecer anárquicos
y contradictorios, puede observarse un ritmo regular en el universo que puede
forzarse pero nunca romperse. Hay un poder superior para los dioses pero estos
no son omnipotentes.
Espiritualización del sistema mitológico
El poder sombrío de los dioses, era lla mado anánke lo
que debe ser o Moira fatalidad distribuidora. En esta concepción
de un poder universal e impersonal transporta la génesis de posteriores
desarrollos religiosos y científicos.
Más adelante, en una etapa posterior, comienza a combinarse lo teológico
con lo moral. No se trata de un proceso claro y sistemático, pero es
obvio que lentamente, se pone en marcha. En esta línea, se observa
que el sacrificio a los dioses exigía una pureza ceremonial, así
por ejemplo, un hombre que había derramado sangre, no podía
tomar parte en ellos hasta estar purificado. Con el tiempo, esta exigencia
divina de pureza exterior se traslada a la pureza interior. Del mismo modo,
algunas ofensas que la ley humana no podía castigar ni los hombres
percibir, fueron puestas a la merced de la sanción divina.
En la sociedad primitiva, estar fuera de la ley era equivalente a carecer
de toda protección legal, cosa que las personas pobres no podían
obtener con facilidad. De esta forma, el forastero, el suplicante, el mendigo
era seres cuyo cuidado dependía de los dioses.
Los griegos se negaban en forma terminante a distinguir entre la naturaleza
en general y la naturaleza humana en particular. De esta forma, las mismas
fuerzas que regían el universo, debían regir también
el universo moral. En este punto, se observa una clara espiritualización
de los dioses. Anánke o Moira ya no solo son superiores a Zeuz sino
que son la expresión de su voluntad, y otros poderes divinos, como
las Furias o las Erinias, que castigan la violencia y la injusticia, son sus
legales agentes.
Tres clases de mitos griegos
Mitos históricos
En esta categoría, se encuentran las historias del ciclo troyano o las fábulas de Perseo que cortó la cabeza de la de la Gorgona. Estas historias se transforman con el tiempo en relatos tradicionales comparables a los actuales cuentos de hadas.
Mitos a-históricos
Relatos como el derrocamiento de Cronos y su mutilación por parte de su hijo Zeus o la enorme cantidad de diosas, ninfas y mortales que fueron amadas por Apolo y Zeus, sucesivamente. En general, este tipo de relatos, tenían el carácter de ofrecer una interpretación de las cosas, representaban el color y el movimiento con que los griegos revestían lo más saliente de su experiencia vital y cuya expresión simbólica se veía impulsada por la inteligencia.
Mitos sobre el origen
Pero otro tipo de mito existía además. Mitos que fueron un intento
para abordar el origen de las cosas, primero del universo físico y
después el de los dioses:
En el comienzo existió el Caos, el abismo tenebroso. Del Caos surgió
la ancha y dilatada tierra, la verdadera madre de todas las cosas, de los
dioses y de los hombres. Ella produjo a Uranos (el cielo) y la Tierra y el
Cielo al unirse, produjeron la Noche, y una raza de seres monstruosos, imágenes
de fuerzas físicas y psicológicas.
Esta gradual evolución de la confusión inicial del caos al orden,
se expresa como una explicación del mundo aunque suponía cierta
conducta poco filiar por parte de los dioses que horrorizaría más
tarde a los griegos de épocas posteriores.
Los relatos a-históricos, podrían entenderse como explicaciones. Por cierto existían prácticas religiosas y tradiciones vagamente recordadas que demandaban cierto esclarecimiento pero que, olvidados los hechos verdaderamente acontecidos, estos fueron reemplazados por la ficción. Por otra parte, el politeísmo griego era representativo de la heterogeneidad griega. Sólo las religiones muy desarrolladas demandan exclusividad e intolerancia. Las religiones politeístas absorben nuevos dioses naturalmente. Los pueblos conquistados continuaban rindiendo culto a las antiguas deidades al tiempo que incorporaban las nuevas. Por ejemplo el culto a Jacinto y Apolo en Amcla, cerca de Esparta, consistía en verter libaciones en el suelo. Pero el segundo día de las festividades, dedicado especialmente a Apolo, era mucho más alegre. El origen de este antiguo festival de doble culto reside probablemente en que el nuevo dios Apolo se suma a la antigua tradición local de Jacinto, un dios terreno y no celestial. Pero con el paso de las generaciones, el origen de esta festividad doble fue olvidado aunque el rito se mantuviera vivo. Entonces, el verter las ofrendas en el suelo solo podía tener el sentido de ofrecer homenaje a alguien que hubiera muerto y como Apolo, estaba en el festival de Jacinto, entonces, Jacinto habría de estar muerto y ser un gran amigo de Apolo. Surge así una leyenda explicativa de un ritual olvidado: Jacinto había sido un joven amado por Apolo a quien este mató accidentalmente mientras lanzaba un disco.
Las incontables amantes de Zeus y Apolo
Otras veces, la deidad primitiva era una diosa. En cuyo caso, lo natural resultaba convertirla en esposa del nuevo dios. Si era un dios, como en el caso de Jacinto, podía llegar a ser el hijo de su reemplazante, pero esto suponía una madre, alguna ninfa o diosa local. Así, a medida que más dioses se identificaban con Zeus y Apolo, más aumentaban las incontables diosas, ninfas o mujeres que fueran sus amantes. Estos amores divinos no eran de ninguna manera una ofensa religiosa porque tenían el objeto de dar una explicación careciendo de todo alcance dogmático, apologético o moralista. En efecto, lo esencial era practicar el rito, nada obligaba realmente a creer en las historias que se decían sobre éste.
Filosofía y religión
El politeísmo griego fue una religión natural que se volvió
más compleja y diversa a medida que los griegos se dispersaban territorialmente.
Podría considerarse que existían dos diferentes clases de religión:
una vinculada estrictamente al grupo social y la otra, al culto a la naturaleza.
El instinto griego a favor de la armonía y la lógica se advierte
en la creación del sistema olímpico presidido por Zeus, el padre
de los dioses y los hombres. En él, los dioses helénicos, tribales
y celestes, los dioses y las diosas de la naturaleza, en apariencia no helénicos,
toda una humanidad de daimones (espíritus) tales como las
Erinias (vengadoras) o abstracciones personificadas como Dike (Justicia) o
Themis (La Ley) fueron reunidos dentro de un sistema coherente. Este instinto
se advierte también en el modo en que la moral, en su orígen
un asunto de carácter humano y social, es puesta bajo la protección
de los dioses. Los numerosos mitos fueron explicaciones deliberadas de diferentes
hechos y fenómenos que la imaginación griega desarrolló
dándoles una forma antropomórfica y dramática.
Pero más adelante, cuando religión y moral comenzaron a encontrar
puntos en común, los dioses dejaron de ser poderes naturales, sociales
y psicológicos sino también morales. El mito, predominantemente
amoral, comenzó a ser un obstáculo. Se advertía así
una contradicción que los artistas solucionaron olvidando lo que no
les agradaba y los filósofos, eliminándolo todo. Así
Jenófanes observará que si los asnos tuviesen dioses éstos
tendrían forma de asno. En efecto, el antropomorfismo era el alma del
mito griego. Además, un dios no podía desear nada, puesto que
si dios era, habría de ser completo y perfecto. Platón condena
a los poetas por propagar historias falsas y perversas sobre los dioses. Así,
el futuro del pensamiento religioso griego, ya no se encontraría en
la frondosa mitología, ni en los dioses del Olimpo... ésta yacía
en la filosofía. Efectivamente, el elemento griego, sobrevive con toda
claridad en el cristianismo y se deriva de Platón. Fue la filosofía
griega, especialmente la concepción platónica del absoluto la
que preparó al mundo occidental para el notable salto hacia una religión
universal.


